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Decaimiento y nerviosismo sin causa aparente pueden
muy bien ser efectos de haber sido “ojeado”. En este caso, lleve a cabo el
ritual que detallamos a continuación:
Durante tres días ponga un vaso de agua con unos gramos de sal gruesa en su
mesa de luz y cámbielo diariamente.
Trace debajo de su cama una cruz de sal gruesa y, cuando haya transcurrido
los tres días, arroje la sal a la basura.
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